Un Viaje Mìstico y Màgico

Después de muchos años de conocer a Matzehua, un Indígena Huichol de la Comunidad de San Sebastián, y de haberle prometido visitar su pueblo y a su gente, hice de éste postergado viaje una realidad.
La realidad de este viaje, fuè descubrir un mundo diferente. Tanto en costumbres y lenguaje, còmo en filosofia y misticismo. Es decir, una realidad que te golpea el corazòn, te desgarra tu fùtil conocimiento de la vida y te transporta hacia tu yo interno. Toda una experiencia.
Entrado en ganas de aprender, volvì a la sierra huichola, èsta vez a San Andrès Cohamiata. Se podria decir, que es el lugar màs progresivo de las Comunidades Huicholas. Con un lugar muy bien adecuado para los turistas llamado "Eculturismo Tate-kie", ubicado al borde de una impresionante barranca.
A estas fechas, he viajado infinidad de veces a San Andrés, y siempre me regreso con la nostalgia del que abandona su hogar. Algo hay de magia en este sitio, que siempre me hace volver.

A mis amigos Wixaritari.


La Rockola tamalera

viernes

Destino: Tatei-Kie

Un silencio de paz, inspirador, unicamente el viento meciendo las altas ramas de los pinos.

Fue una gran sensaciòn, relajante en todos los sentidos. Despues de subir kilometros de carretera sin parar. Hemos llegado a la curva en donde un pequeño acotamiento nos invita a detener el vehiculo. Despues de horas de solo escuchar el ruido del motor, este silencio es impresioonante. Aqui està un muro de piedra altìsimo, llamado por los huicholes "El Pico del Aguila". Al subir no se aprecia la forma, pero una vez que ya estas, carretera arriba, esta roca de extrañas dimensiones, empieza a tomar la forma de una cabeza de aguila.

Y como decia al principio, este susurro del aire entre los arboles es algo conmovedor.

Aqui bajamos del vehiculo para estirar un poco las piernas y disfrutar de la panoramica vista que ofrece este improvisado mirador. Al fondo se vislumbran unas montañas azules, y hacia abajo, todo es bosque.

Algunos cuervos de cuando en cuando rompen el silencio con sus graznidos, y la grandeza de este momento hace que te sientas pequeñito, ante la grandeza de la naturaleza.

Y solo estamos a mitad del camino, y mi emociòn crece, al igual que la primera vez que fui a San Andrès. No cabe duda, la magia de los huicholes es autentica.

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